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De Rojo

Un Relato de Lluís Blanc.  A Short Tale by Lluís Blanc

 

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Nunca he seducido a una mujer de rojo. He estado con mujeres de blanco, que contrariamente a lo que pudiera parecer, no son inocentes sino luminosas y vitales. El blanco suele ocultar pieles oscuras y bronceadas, espíritus libres y amplios (Si bien es cierto que, si el blanco lo es en forma de camisa, ésta ejerce de corsé, manteniéndola a ella recta y distante hasta que se desabotona).

No me atrae especialmente la mujer de rosa, me aturde su juego, su feminidad histriónica. Su pátina de romanticismo apenas tapa una superficialidad simplona.

He intimado con todas las gamas del beige, desde el arena al café con leche, pasando por los tostados, y sí, son lo que parecen: cálidas y serenas.

Estuve una vez con una mujer de amarillo. Rectifico: ella estuvo conmigo. Insolente, atrevida, apabullante. Qué diferente de la de verde, a la que debes convencer de tu interés por ella.

También está la de azul, de una sencillez reconfortante cuando se mueve en la gama de los lavados, muy distinta de la de azul marino, de una convencionalidad que raya lo severo. Y de la de azul turquesa, un regalo veraniego de una intensidad inusitada.

Puedo hablar de lo imprevisible del negro que viste seguridad o timidez a partes iguales, del deseo elegante de la mujer de marrón chocolate o de la insufrible indefinición de la de gris… pero no puedo hablar en primera persona de la feminidad extrema; de la voluptuosa y arrolladora mujer de rojo.

He tenido, es cierto, victorias parciales. Me acosté una vez con una al día siguiente, cuando ya no lo vestía, y un par de veces ha aparecido por sorpresa en forma de ropa interior. Estimulante sin duda, pero lejos de una conquista clara.

No soy un Casanova obsesionado por la seducción, quizás sea un incontrolable observador, fascinado por los matices y los tonos.  No imaginen un personaje estrafalario que toma oscuras notas en un obsceno y manoseado bloc, nada más lejos de la realidad. Soy un tipo normal, diría incluso que bien parecido, que sigue esperando su oportunidad, pero que empieza a sospechar que una mujer de rojo nunca se fijará en un hombre de gris piedra o de azul petróleo.